Aunque la definición estuvo y está determinada por sendas variables, al punto de hacer difícil sostenerla en unanimidad, distintas investigaciones han permitido corroborar, por ejemplo, que la salud:
– es un derecho;
– se trata de algo más que la ausencia de enfermedad, discapacidad o minusvalía;
– incluye bienestar biológico, psicológico y social;
– tiene relación directa con el ambiente y la cultura.

La Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud de Ottawa (1986) parece haber ampliado el espectro al declarar que “para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente. La salud se percibe, pues, no como el objetivo, sino como la fuente de riqueza de la vida cotidiana. Se trata, por tanto, de un concepto positivo que acentúa los recursos sociales y personales así como las aptitudes físicas. Por consiguiente, dado que el concepto de salud como bienestar trasciende la idea de formas de vida sanas, la promoción de la salud no concierne exclusivamente al sector sanitario”.

(Posgrado en Salud Social y Comunitaria. Programa Médicos Comunitarios. M 7. Argentina. 2006)